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OTROS DIÁLOGOS | El Frente: un esbozo

El Frente: un esbozo

En este trazo breve, Héctor Aguilar Camín comienza a dibujar las posibilidades del Frente, encabezado por Ricardo Anaya, al considerarlo como “el proyecto de mayor calado y de más interesante modernidad política que hay en los cambios de piel de la partidocracia mexicana”.

 

–HÉCTOR AGUILAR CAMÍN–

 


 

Cambian de piel, ante nuestros ojos, los referentes de la democracia mexicana.

Donde estaba lo que llamábamos “la izquierda”, surgió Morena.

Donde estaba lo que llamábamos “la derecha”, surgió un Frente que reúne lo que llamábamos “izquierda” con lo que llamábamos “derecha”.

Donde estaba lo que llamábamos “el pri”, aparece “un pri” disminuido, que ha dejado de ser “la cosa” a derrotar.

Nos siguen sorprendiendo, como una anomalía, los saltos que dan políticos oportunistas de un partido a otro. Nos molestan sus supuestas incongruencias ideológicas.

Hace tiempo que los cambios oportunistas de partido no son una excepción, sino una constante del sistema de partidos que tenemos.

Es un sistema abierto donde los grupos disidentes de un partido pueden fundar o moverse a otro y volverse una alternativa electoral.

Es lo que hizo López Obrador con Morena ante el prd, luego de la elección de 2012, y lo que hizo el neocardenismo con el pri, antes de la elección de 1988.

Respecto a la ideología: ¿hubo alguna vez partidos con ideologías claras en México? ¿Partidos que merecieran la etiqueta de izquierda, derecha o centro? ¿Partidos liberales, conservadores, socialdemócratas, socialcristianos?

Creo que no.

La ideología y la identidad partidarias son dos sombras sin cuerpo en la democracia mexicana.

La primera, la ideología, porque nunca existió realmente. La segunda, la identidad partidaria, porque la han desbaratado las conveniencias políticas electorales.

Morena es la encarnación más potente del reciente cambio de piel de la partidocracia mexicana.

En el momento de escribir esta nota, mediados de marzo de 2018, su ventaja en la contienda presidencial era muy clara: 39 puntos de intención de voto contra 29 del Frente y 22 del pri y sus aliados.

Junto con Morena, partido de caudillo, la mayor metamorfosis en marcha de los partidos en la democracia mexicana es lo que sus creadores acabaron llamando, con pobre inspiración, “Por México, al Frente”.

Reúne al partido asociado con nuestra idea de derecha, el pan, y a partidos que se asumen de izquierda: prd y Movimiento Ciudadano.

Se les acusa de mezclar agua y aceite. Su respuesta es que no quieren borrar contradicciones, sino construir una coalición de gobierno, con una agenda común que, de ganar, se mantendría como tal hasta el 2024.

El proyecto se resume en un desafío: convertir los tres partidos que se suman en una entidad distinta: el Frente, a la manera del Frente Amplio uruguayo o la Concertación Democrática chilena.

El Frente apunta, en el tiempo, a la fundación de un nuevo partido con vocación mayoritaria en la democracia mexicana.

Sería un partido transversal ideológicamente, con causas de centro izquierda y de centro derecha, en busca de una coalición mayoritaria de gobierno.

Si entiendo bien, el Frente querría establecer un régimen de gobierno semiparlamentario, capaz de formar mayorías absolutas en el Congreso, compartiendo el gobierno con otros partidos.

El proyecto es extraño, suscita dudas, convoca verosímiles profecías de fracaso, pero es un hecho que ha avanzado y que, a la hora en que esta nota se escribe, estaba en el segundo lugar de la contienda.

La debilidad del Frente, hacia adentro, es mantener razonablemente unidas y razonablemente diferenciadas las fuerzas y los intereses políticos divergentes que reúne en su seno.

Su debilidad hacia fuera, hacia la opinión pública y los votantes, es su programa: qué quiere, como Frente, en tanto Frente, para el país.

Su candidato presidencial, Ricardo Anaya, ha hecho dos apuntes clave en ese camino: un compromiso de renta básica universal y otro de modernidad tecnológica. Hizo, sobre todo, una declaración de guerra contra la corrupción del gobierno de Peña Nieto, buscando arrebatar esa bandera a López Obrador.

Siguen siendo casillas vacías, sin embargo, las cosas que quiere el Frente en materia de impunidad, de inseguridad, de crecimiento económico, de equidad social.

En suma: de continuidad y cambio.

No lo sabemos todavía, a tres meses y medio de la elección. No sabemos cuál será esa agenda práctica de centro izquierda y centro derecha que permitirá construir un gobierno de coalición o, en caso de derrota, una coalición opositora con un programa común.

Como esbozo en marcha, sin embargo, yo diría que el Frente es el proyecto de mayor calado y de más interesante modernidad política que hay en los cambios de piel de la partidocracia mexicana.◊