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OTROS DIÁLOGOS | El extraordinario caso del Dr. Shoshan y Mr. Nate (Una reseña etnográfica)

El extraordinario caso del Dr. Shoshan y Mr. Nate (Una reseña etnográfica)

 

–ERICK SERNA LUNA*

 


 

Nitzan Shoshan, El manejo del odio: Nación, afecto
y gobernanza de la derecha extrema en Alemania,
El Colegio de México, México, 2017.
 

El autor de este libro sobre el manejo afectivo del nacionalismo alemán es Nitzan Shoshan, israelí. Sin embargo, el investigador que acompañó a un equipo de trabajadores sociales de calle, que pasó tiempo con los “clientes” de éstos —jóvenes extremistas de derecha— y conversó con una serie de otros actores en el distrito berlinés de Treptow-Köpecnick, era conocido por la mayoría de las personas como “Nate”: antropólogo estadounidense de Chicago que llevaba a cabo una investigación sobre la juventud y el espacio público (p 11).

De esta manera, envolvente e intrigante —como si fuera la obra de Robert L. Stevenson El extraño caso del Doctor Jekill y Mr. Hyde—, comienza el análisis sobre las formas en que el Estado y la sociedad alemana controlan los afectos y efectos de la simpatía que manifiesta la juventud de extrema derecha por los preceptos neonazis. Esto es, el manejo del odio, que es entendido como:

un proyecto inmenso de gobernanza afectiva. Esto, a su vez, implica pensar en el afecto como algo mediado públicamente y, por lo tanto, como objeto potencial —y locus— de proyectos de intervención, reglamentación y control. Igualmente, sugiero que tales proyectos —las estrategias, estructuras y operaciones del manejo del odio— están plenos de compromisos e intereses afectivos (pp. 464-465).

De tal modo, las aventuras que Nate —como sería bautizado por Helmuth, líder del grupo de trabajadores sociales— vivió al lado de las y los jóvenes de extrema derecha, caminando como el trapecista al filo de la navaja, son la manifestación cotidiana de la “red de códigos legales, normas jurídicas y procedimientos de aplicación de la ley” (p. 310) mediante la cuales el Estado y la sociedad alemana buscan contener y controlar la emergencia del “odio neonazi”. Pero, al mismo tiempo, del lado de la resistencia, Nate  relata las tácticas y estrategias que ha desarrollado la juventud alemana de extrema derecha para, a pesar de la censura y la criminalización, poder manifestar sus preferencias y afectos por los ideales neonazis que, allende los entramados de las culturas juveniles, son críticas en contra de un sistema sociopolítico post reunificación que no ha logrado eliminar las desigualdades y la pobreza que, incluso, parecieran agudizarse en tiempos del neoliberalismo.

El estudio etnográfico que redactó el Dr. Shoshan nos brinda un panorama sobre la gobernanza afectiva en tiempos del neoliberalismo y es, al mismo tiempo, un interesante thriller académico que navega de manera perfecta, como un flâneur en las vastas regiones del conocimiento, entre la revisión histórica del proceso de reunificación alemana, las consecuencias sociales de este proceso, la vida de la juventud que vive en situaciones de pobreza y sus preferencias por los ideales de la extrema derecha, así como los controles jurídicos y policiacos que han instrumentado el Estado y la sociedad alemanes para contener la emergencia de la “cosa” nacionalista. Estos asuntos se narran a lo largo de tres partes y nueve secciones, que componen el cuerpo de las aventuras etnográficas de Nate y el análisis del Dr. Shoshan. En la primera parte encontramos el conjunto de apartados socio-históricos que nos permiten entender el origen y emergencia del “odio social”. En la segunda parte se describen las estructuras y tecnologías que han desarrollado el Estado y la sociedad para controlar el regreso de la innombrable “cosa” nacionalista, así como las resistencias de la juventud alemana de extrema derecha. En la última parte ahonda en las coaliciones de la sociedad y el Estado para volver invisible la existencia del odio neonazi y mantener la buena imagen mundial del Estado alemán.

Por su parte, desde la perspectiva del aprendiz en el extranjero, el libro del Dr. Shoshan —quien fuera mi profesor de “Etnografía urbana” en El Colegio de México— ha sido la estrella polar que ha orientado mi aventura académica en Berlín. Esta reseña es, de algún modo, la manera en que El extraordinario caso del Dr. Shoshan y Mister Nate me ha permitido ubicarme y comprender un poco de la realidad cotidiana que he vivido en las calles y el subterráneo de Berlín.

“Importa poco no saber orientarse en una ciudad. Perderse, en cambio, en una ciudad como quien se pierde en el bosque, requiere aprendizaje”, dice Walter Benjamin en sus memorias de Infancia en Berlín hacia 1900. Este aprendizaje, a veces sin quererlo, conforma el habitus del flâneur, actitud indispensable para el ejercicio de la etnografía. Por ello, perderme en Berlín no me preocupaba mucho; incluso, era necesario. Lo primero que en verdad impactó mi concepción socio-cultural fue encontrarme, en mis viajes por el subterráneo berlinés, con aquella miseria de cabello dorado y ojos oceánicos. Personas rubias que recorren los vagones del metro de Berlín con la mano extendida, mientras susurran una plegaria al público usuario, como: Entschuldigung, könntest du mir helfen? (Disculpe, ¿me podría ayudar?). Hasta entonces, todo mi constructo cultural había asociado la mendicidad con lo indígena, la discapacidad y la piel morena, pero nunca con la tez blanca y el cabello rubio. Me preguntaba: ¿cómo entenderlo?

A lo largo de la primera parte de su libro, el Dr. Shoshan se encarga de recordarnos el “Espectro del nacionalismo”, que es ese pasado que nos permite entender la miseria que habita en los subterráneos y en otros espacios públicos de Berlín, estos nuevos pobres que son un reflejo de los viejos fantasmas, consecuencias encarnadas del desigual e irresuelto proceso de reunificación del Berlín occidental y el Berlín oriental, pero que nunca pudo armonizar el modelo socialista del Berlín oriental con el capitalismo del Berlín occidental. Así, esta mendicidad rubia es, en parte, el recuerdo presente de aquel pasado irresuelto que se ha agudizado con la instauración de las políticas neoliberales de ajuste estructural.

También son herederos de esas desigualdades históricas las y los jóvenes neonazis con los que Nate convivió en Treptow-Köpenick y en otros espacios públicos de Berlín. Personas jóvenes de baja escolaridad y —en una sociedad rígida en las cualificaciones laborales— escasas oportunidades de obtener un empleo estable y bien remunerado. Son hijos de hogares destruidos, que crecieron en contextos de violencia intrafamiliar, separaciones, alcoholismo, padrastros y madres con múltiples matrimonios. Son la reproducción estructural de los hombres y mujeres que no lograron adaptarse al contexto socio-económico post reunificación (conocidos en alemán como wenderverlierer). Ejemplos vivientes de las desigualdades que encarna la ecuación: joven, nacional y social. Una juventud relegada que encuentra esperanza en las historias de bonanza de los viejos que habitan en Treptow-Köpenick, quienes vivieron de cerca las SS (Schutzstaffel, escuadras de protección: el servicio de seguridad estatal nazi) y formaron parte de la stasi (el Ministerio para la Seguridad del Estado de la República Democrática Alemana).

El manejo del odio también me sirvió como un mapa para conocer la distribución social del espacio en la ciudad de Berlín. Con mucha suerte, logré alojarme en el apartamento de un médico venezolano, cerca de la estación del metro Berlinerstrasse de la U7-U9, en el condado de clase media de Wilmesdorf. A escasas cuadras se encuentra Schönenberg, barrio históricamente judío. No muy lejos se encuentra el condado sensación de la migración global y, en especial, de la migración turca: Kreusberg, y, a un costado, Neukölln. Al sur, en los límites del corazón de la ciudad, Treptow-Köpenick, distrito donde se desarrolló gran parte de la trama de las aventuras que Nate vivió en los bares donde se reunían los jóvenes neonazis, como refugios donde podrían expresar sus censuradas y perseguidas ideas.

Una de las razones por las que elegí venir a Berlín era conocer la ciudad que inspiró el ensayo de Georg Simmel —el gran outsider de la sociología clásica— “Las grandes urbes y la vida del espíritu”, piedra angular de los estudios urbanos. A lo largo de la tercera sección de la primera parte, “El Kebab y la Wurst”, el Dr. Shoshan realiza una oda a aquel pequeño ensayo que escribió Simmel sobre La sociología de la comida. Entendiendo, como lo hizo Simmel, que la comida es un reflejo de la cultura y la sociabilidad, y a partir de los dos alimentos más populares de Berlín —el Kebab, de origen turco, y la Wurst, típica salchicha alemana—, el Dr. Shoshan identifica las diferenciaciones sociales que existen entre turcos y alemanes, las cuales son expresadas por las y los jóvenes con quienes Nate convivió en su trabajo social. Los datos de campo de Nate narran la compleja moral que existe entre la irresistible tentación culinaria de un Kebab y el prejuicio que se cierne ante el mal extranjero de origen turco o árabe.

Las diferenciaciones culinarias que nos muestran las aventuras de Nate —como antes la Digresión sobre la sociología de los sentidos, de Simmel— narran cómo las diferenciaciones se construyen con base en el olor, “el sentido de la diferenciación”, como diría Simmel, entre los aromas turcos, impregnados de ajo y chile, como narra una de las jóvenes con las que trabajó Nate. De este modo se construye una nueva tipología para otra categoría relacional de Simmel: “El extranjero”. Un tipo de extranjero aceptable, como el trabajador vietnamita o el vecino turco que permite beber alcohol en su restaurante versus el “turco violento”, el árabe amenazante, el inmigrante indeseado que les roba los trabajos a los alemanes.

La segunda parte de El manejo del odio se encarga de narrar las maneras jurídica y policial con las que se contienen los afectos del nacionalsocialismo de las y los jóvenes neonazis y la construcción de lo que el Dr. Shoshan denomina “el delincuente político”, donde se enmarca la criminalización y penalización de las demostraciones culturales y afectivas que han sido tipificadas como favorables a la extrema derecha. La contradicción moral golpea la interpretación de un derecho en el que es posible beber cerveza y fumar marihuana en los espacios públicos, pero en cambio es ampliamente sancionado que un joven porte las antiguas runas nórdicas o el martillo del Dios Thor. Tal contradicción forma parte de los indeterminados interdictos que conforman los “Regímenes penales de delincuencia política”, cuarta sección del libro.

Nate nos narra la brutalidad, e incluso “ilegalidad”, con que son tratados los jóvenes neonazis cuando portan algún símbolo prohibido o son señalados como “sospechosos” de profesar las ideologías prohibidas. Esto hace que la vida de las y los jóvenes sea una auténtica “cacería de brujas”, un juego de policías y ladrones entre las tácticas para evadir la vigilancia policiaca y la paranoia de la presencia de “falsos amigos”, jóvenes que han negociado la absolución de sus delitos políticos a cambio de infiltrarse en los círculos sociales de la juventud de extrema derecha, con lo que se desarrollan otras dinámicas: la de los “hombres de confianza” y la de los “amigos y traidores”, mismas que, narra Nate, están presentes en la sociabilidad de las y los jóvenes neonazis.

En la sexta sección, “Conocerse íntimamente”, el Doctor Shoshan y Mister Nate nos invitan a reflexionar sobre un tema que a mí me impactó particularmente, al recordarme mi trabajo social en el barrio de la Merced. Muy pocas veces se reflexiona sobre los trabajos que se ocupan de la gobernanza de las poblaciones, es decir, sobre el papel de los trabajadores sociales. El Dr. Shoshan toma distancia del trabajo que realiza Nate junto con el grupo de trabajadores sociales que atiende a las y los jóvenes neonazis, para ubicar el papel del trabajador social dentro de la compleja maquinaria de gobernanza neoliberal de las poblaciones marginadas, pobres o criminalizadas. Ubica al trabajador social de calle en un escalón muy bajo de la jerarquía establecida por la “gobernanza afectiva del odio” en Alemania, pero, al mismo tiempo, la coloca como un engranaje fundamental para extraer información y conocimiento sobre las “poblaciones peligrosas”; esto es, como un órgano del saber que es continuamente consultado por el gobierno para la formulación de las políticas públicas y las acciones policiacas contra la población juvenil.

En este sentido, apoyado en las reflexiones foucultianas sobre las técnicas del poder y la vigilancia, el Dr. Shoshan analiza cómo y desde qué perspectivas se producen los saberes y las tecnologías que buscan controlar y gobernar el odio. Saberes sociales y tecnologías políticas con las que se crean los “Avances en las ciencias del exorcismo”, séptima parte de la obra —que por un momento rememora la inolvidable Naranja mecánica de Stanley Kubrick, especialmente, cuando muestra cómo se busca reformar al incorregible Alex Delarge, que en nuestro caso sería el temible joven Ginno. Las diversas formas que presenta y analiza el Dr. Shoshan hacen pensar que en Alemania el nazismo es visto como una enfermedad social que, mediante la terapia de la razón sociológica, psicológica o corporal-afectiva, podrá ser extirpada de la mente y el cuerpo del sujeto poseído.

Esta visión es una muestra de la “misión civilizatoria” que ha emprendido —y se ha encargado de promover— el gobierno alemán, como una política de Estado, a lo largo de todo el periodo llamado de post reunificación. Un conjunto de acciones de Estado que se han encargado de “Inocular al público”, octava sección del libro. En esta tercera parte, las aventuras de Nate le permiten al Dr. Shoshan analizar la manera en que las asociaciones civiles, los gobiernos y los organismos internacionales se coluden en un frente común en contra de la temible otredad: la “cosa” nacionalista. La censura del Estado, que busca mantener frente el mundo una buena imagen de Alemania: la de una Alemania que ha logrado controlar los demonios de su pasado y se ha convertido en un país vanguardista que lidera la bonanza de la Unión Europea.

Desde mis primeros días en Berlín, me dio la impresión de que era una ciudad con un profundo dolor social. Existen múltiples formas de recordarle su pasado a la sociedad alemana, desde el monumental memorial en honor a los judíos, que pretende reproducir el sentimiento de extravío y soledad de los judíos, hasta las mundanas placas que se encuentran apostadas en las calles de Berlín, pasado del Holocausto. Cada recordatorio es un grito de las vidas judías segadas; un recordatorio que tiene el fin de producir culpa, como el crujir de los rostros metálicos de la exposición sensorial y afectiva del Museo de Historia de los judíos. De igual manera, Mr. Nate y Dr. Shoshan muestran, a través del irresuelto caso de “las estrellas de Berlín” —que aparecían misteriosamente en algunos espacios emblemáticos de la ciudad—, que la “gobernanza afectiva” y su resistencia tienen un efecto urbanístico.

El punto culminante en las representaciones de estas “Visiones nacionales”, novena y última sección del libro, es la unión berlinesa gestada con el fin de ocultar la marcha de la facción extremista de la derecha alemana. Esta facción buscaba conmemorar a los integrantes de las SS caídos durante la Segunda Guerra Mundial, y la conmemoración amenazaba con cruzar bajo la Puerta de Brandemburgo, emblema de la ciudad. Esta amenaza sería ocultada, como sucedería también el 6 de mayo de este año, con una manifestación aún mayor de los berlineses que apoyaban la creación de una Alemania plural, diversa, abierta al mundo y a la paz.

En los últimos parágrafos de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber se encarga de diagnosticar que “la jaula se ha quedado vacía del espíritu”. Un complemento del diagnóstico de Weber sería la obra de Georg Simmel, Filosofía del dinero, donde el autor se encarga de describir cómo el dinero comienza a llenar este “vacío del espíritu”. En esa tesitura de la búsqueda del espíritu alemán es donde podemos ubicar esta obra magistral, que se acerca mucho a lo que Wright Mills denominaría “poesía sociológica”. Es así como Nitzan Shoshan narra la forma en que se busca contener la versión más temida del espíritu alemán en el Berlín de inicios del siglo xxi. El final de la aventura de Nate y el Dr. Shoshan, como en cualquier obra de suspenso, no es feliz, pues deja abierta la posibilidad de que, en un futuro, las contenciones del odio se resquebrajen y emerja de las tinieblas la “cosa” nacionalista del espíritu alemán.◊

 


* ERICK SERNA
Es estudiante del doctorado en estudios urbanos del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México (generación 2015-2019).