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OTROS DIÁLOGOS | Diálogos con el tiempo…

Diálogos con el tiempo…

En este homenaje, conmovedor y conmovido, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma demuestra que no le es ajena, estimulada por la lectura de Ramon Xirau y por su amistad, ni la poesía ni la filosofía.

 

– EDUARDO MATOS MOCTEZUMA –

 


 

I. El poeta

                                   La vida vino como rosa verde

                                   En un campo de nieve que relumbra.

                                   La noche era muy clara.

                                   Más que muy clara: transparente y pura,

                                   siempre distante de ella misma y plena,

                                   enriquecida siempre con las nieves de espuma.

 

“Cantos de amor”, fragmento, 1951.

 

Ramón Xirau le cantó a la vida, al amor, a la esperanza. Fue un filósofo-cantor que supo vivir la vida y transformarla en poesía. También supo vivir y cantar a la muerte. Ramón transitó de una guerra llena de dolor que lo hizo —para nuestra fortuna— venir a parar a tierras mexicanas. Las guerras —máquinas de dolor y muerte— siempre dejan huellas profundas que a veces el tiempo no logra borrar. Quedan allí como marca indeleble que perdura a lo largo de los días, de los meses, de los años. Sin embargo, el poeta se rebela y logra romper, aunque sea por un instante, con la carga que le ha sido heredada y convierte el tiempo en palabras de aliento que llegan al infinito…

La presencia constante en su poesía de las barcas y del color verde me llevan a elucubrar sobre arcanos insondables del poeta. Quizá la barca es la imagen de la vida misma que se niega a hundirse en mares borrascosos. Quizá es el poeta que guía la nave hacia horizontes insospechados, o quizá sea el yo interno que se mueve al vaivén de las olas. No lo sé. Pero es indudable que una constante en sus poemas es esta figura que por algo está allí, perenne. La otra es el color verde. El verde puede ser muchas cosas: lo primero que llega a mí es el simbolismo de la esperanza. El verde es vida que va más allá de la vida. También puede ser un átomo de luz que se transporta en el tiempo. Puede serlo todo…

 

II. El amor

¿Qué busco en este mundo, sino

                                   tu silenciosa voz

                                   que en el mal pone amor y encuentra amor?

 

                                   Pero las luces de la ciudad especulan

                                   con el níquel de las ventanas

                                   y no hay vida que no tenga

                                   algún principio puro,

 

                                   ni nacimiento sin la muerte,

                                   ni fulgor sin espuma,

                                   ni negación total sin la presencia.

 

                                   ¿Y qué busco en las cosas,

sino tu huella llameante,

                                   tu herida luminosa en los ramajes

                                   trémulos de los pájaros?

 

                                   Nacimiento sin muerte,

                                   vida que me enmuralla y que me busca,

                                   ¿dónde tu mar secreto,

                                   inmóvil como el tiempo

                                   de la saeta?

 

                                   Una voz de desierto se estremece en las faunas

                                   diminutas del árbol.

 

“Playas de la presencia”, 1974

 

Este poema lo dedica Ramón, el esposo eterno, a Anita, su esposa eterna. Lo tituló “Presencia” y destaco la frase “nacimiento sin muerte”, pues en ella está presente un mundo de posibilidades. Yo, irreverente, me permito la irreverencia de interpretarla: todo nacimiento conlleva en sí a la muerte. Pero cuando las palabras cobran su pleno significado, todo cambia. El poeta tiene el poder de hacer esa transformación y es así como el amor nace y será constante, eterno, en donde no tiene cabida la muerte.

Así es la relación entre Anita y Ramón. Este amor perdura después de la muerte y sobrepasa los límites del tiempo.

En una ocasión escribí acerca del amor eterno poniendo en duda su existencia. Hice un relato en el que contaba cómo un joven griego de la época épica de la Grecia antigua regresaba de la guerra y era recibido por jóvenes mujeres que le regalaban rosas. Una de ellas atrajo su atención y comenzó un idilio. Él le decía palabras bellas y pasado el tiempo ella hilaba, en la rueca, sus propios cabellos que subían por las paredes y salían por las ventanas llenando los espacios. Años más tarde vino la separación y aquel amor se perdió en la espuma del mar. Epílogo: el amor no es eterno. Sin embargo, Anita y Ramón parecen contradecir esto…1

 

III. El filósofo

Filosofar es vivir, nos dice el poeta-filósofo. Y fue así como empezó su transitar por los pensamientos de tantos y tantos hombres que dejaron su razón de ser plasmado en el ser y el no ser. Si la filosofía es la manera de entender el mundo, bien pudiéramos decir que Ramón Xirau aprehendió el mundo, lo hizo suyo y lo convirtió en poesía.

Para el filósofo, es necesario entender la filosofía como una cuestión de vida que es también una cuestión de supervivencia más allá de la vida. Y es así como emprende su transitar por aquel mundo de ideas, de concepciones que llevan a sus protagonistas a los límites del pensamiento que trasciende su propia existencia y deja pedazos de vivencias como parte de la historia.2

No pasa desapercibida para Ramón la presencia de los filósofos griegos en quienes se basa fundamentalmente el pensamiento occidental. Así, en su libro Introducción a la historia de la filosofía, parte de Sócrates y transcurre con San Agustín de Hipona, Kant, Pascal, Vico, Hegel, Marx, Nietzsche, Bergson y muchos más hasta llegar al jesuita Teilhard de Chardin. En la “Introducción” juega con los dos conceptos centrales: historia y filosofía. Nos dice Xirau: “Una filosofía sin tradición es tan inconcebible como una vida sin tiempo o una civilización sin historia”.

 

VI. La muerte

Punzan, abejas, las estrellas

                                   calladamente. Cachorro. Silencio.

                                   Cantan. Todo canta. ¿El mal?

                                   Está en el mundo y no es el mundo

                                   y la muerte y la muerte y la muerte

                                   ¿y la muerte de la muerte?

                                   El alma viva de las algas sabe

                                   que la muerte no es muerte,

                                   sabe que nació para matar la muerte.

Ligeras, ligeramente, las gaviotas

son barcas barcas

rodeadoras de islas.

 

“Graons”, Gradas, fragmento, 1979

 

Estos poemas están dedicados a su hijo Joaquín Xirau Icaza “también poeta”, como dice el poeta. Y en una breve nota mínima señala: “es inútil explicar mis poemas”. Y tiene razón. Joaquín Xirau murió en 1976 cuando hacía una maestría en la Universidad de Harvard, mismo año en que publica su libro de poemas con presentación de Octavio Paz. Así, la poesía acorta el espacio entre padre e hijo y se convierte en punto de unión que conlleva un dolor que siempre estará presente. Lo natural es que mueran los abuelos, después los padres. Cuando este eslabón biológico se invierte y primero muere el hijo, esto se convierte en algo que no es comprensible, inaceptable, que agota, que no corresponde a la lógica de la vida… ni de la muerte.

Ramón fue profundamente catalán y profundamente mexicano. La una por nacimiento; la otra por convicción. Estas palabras las dije ante el cuerpo presente del poeta cuando su vida se acababa de convertir en poesía. Su féretro lo cubría una bandera catalana: amarillo y rojo. “¿Y la bandera mexicana?”, me preguntó un asistente. Mi respuesta fue ésa: Ramón era profundamente catalán y profundamente mexicano. Su cuerpo quedó arropado en la tierra en que amó, donde gozó y sufrió, donde queda el recuerdo del poeta, del filósofo, del maestro, del esposo y del padre. Al igual que el pensamiento de los antiguos mexicanos, su cuerpo es como una semilla de la que habrán de nacer futuras generaciones que verán en Ramón Xirau un ejemplo por seguir. El rumbo está marcado, simplemente hay que seguirlo…

 


Bibliografía

1 Matos Moctezuma, Eduardo, Revista de la Universidad de México,

2 Xirau, Ramón, Introducción a la historia de la filosofía, México, unam, 2003.

3. ———, Poesía completa, 1951-1986, en Obras I, México, El Colegio Nacional, 2013.