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OTROS DIÁLOGOS | Alemania, 1968

Alemania, 1968

En la República Federal Alemana, el movimiento estudiantil de 1968 tuvo como motivo central el temor a que el país, dividido entre los bloques comunista y capitalista que libraban la Guerra Fría, derivara en un gobierno represivo y antidemocrático. Disipado hoy ese temor —nos dice Nitzan Shoshan en este ensayo—, su valor simbólico ha perdido la intensidad que alguna vez tuvo.

 

–NITZAN SHOSHAN*

 


 

Al igual que en numerosos países, también en Alemania el término 1968 puede entenderse de dos maneras distintas: como suceso, es decir, como una serie de acontecimientos históricos que abarcan un plazo más amplio, pero que se concentran en este año, y como signo, esto es, como las interpretaciones y significaciones que se da al término en las diversas narrativas sobre la historia alemana, las que a su vez permiten usar 68 como una etiqueta para describir ideas, personas, generaciones o movimientos. Más adelante, considero las principales dimensiones del 68 alemán en cuanto signo. Primero, sin embargo, permítanme dar un paso atrás para hacer algunos apuntes importantes sobre el contexto histórico.

En la República Federal Alemana (rfa) de los años 60 —un país bajo ocupación militar y con un público estudiantil en rápido crecimiento, que se beneficiaba de muchos programas de intercambio académico, participaba en redes transnacionales de militancia y consumía información desde medios de circulación global—, el contexto internacional fue decisivo. La izquierda alemana de la época se solidarizaba con varias luchas antiimperialistas y recibía inspiración de los movimientos de liberación del Tercer Mundo y de sus líderes carismáticos. En especial, era la guerra en Vietnam la que en aquellos años dominaba el activismo internacional. Para muchos, el silencio del gobierno de Bonn lo hacía cómplice de los crímenes del imperialismo estadounidense. A la vez, al encontrarse en el centro de la Guerra Fría, los jóvenes de la rfa, en general, y de Berlín, en particular, se interesaban también en el bloque soviético. Así, la Primavera de Praga y la invasión soviética subsecuente impactaron fuertemente las visiones y afiliaciones políticas de muchos —varios estuvieron en Praga para atestiguar la entrada del Ejército Rojo.

El contexto nacional también tuvo gran importancia para la erupción del 68. En 1966, los socialdemócratas (spd) se unieron en una coalición amplia (la llamada “Gran Coalición”) con los demócratas cristianos (cdu) bajo la cancillería del candidato de estos últimos, Kurt Georg Kiesinger, quien había sido miembro del partido nazi. La colaboración del spd, cuyos miembros habían sido las primeras víctimas de los nazis y habían simbolizado la resistencia a estos últimos, con el gobierno de Kiesinger y la ausencia de cualquier oposición significativa en un parlamento donde la coalición controlaba 95% de los legisladores representaban para muchos el espectro del autoritarismo. Diversos incidentes de violencia estatal y las llamadas “leyes de emergencia” propuestas por la coalición contribuyeron a fortalecer la percepción de amenaza. Al mismo tiempo, como en otros países europeos, la educación superior en Alemania experimentaba una ampliación masiva y los estudiantes comenzaban a constituir una fuerza social y política como nunca antes lo habían hecho. En ese contexto, varios movimientos radicales establecían grandes bases de apoyo en las universidades. El más significativo era la Liga Estudiantil Socialista Alemana (sds), anteriormente el ala estudiantil del spd, que se había ido radicalizando desde su expulsión del partido en 1961 y que, desde la fundación de la Gran Coalición, lideraba la Oposición Extra Parlamentaria (apo).

En esa intensa coyuntura, marcada por movilizaciones estudiantiles en contra de la guerra en Vietnam y del armamento nuclear, hubo una manifestación contra el Shah de Persia durante su visita a Berlín en junio de 1967. Dicha protesta fue blanco de una brutal represión policial, que culminó con el asesinato de un joven manifestante por un policía, con un tiro en la cabeza. La apo llamó a los estudiantes a salir a las calles para protestar contra el autoritarismo y la represión. El movimiento se extendió desde Berlín y Frankfurt hasta el resto del país, con manifestaciones, ocupaciones de universidades, acciones directas, panfletos, asambleas y fisuras internas. En abril de 1968, durante una manifestación, un neonazi atentó contra Rudi Dutschke, el líder de la sds y vocero no oficial de la apo, quien sobrevivió al ataque con graves daños en la salud y que moriría una década después. Durante los siguientes días, en los llamados disturbios de Pascua, los estudiantes dirigieron su furia principalmente contra la editorial Springer, a cuyo imperio mediático culpaban de demonizar su movimiento y de incitar a la violencia; el saldo fue de dos muertos y cientos de heridos. El movimiento se fragmentó y se disolvió en los años siguientes.

La radicalización política de la sds y de otros movimientos estudiantiles, desde finales de los años 50, estuvo acompañada por la influencia creciente de las ideas de los principales autores de la Escuela de Frankfurt en cuanto a la orientación política e ideológica de los estudiantes activistas. La teoría de la personalidad autoritaria de Adorno, la crítica al capitalismo de Marcuse y, en particular, la postura psicoanalítica de Wilhelm Reich, que relacionaba la emancipación social con la emancipación sexual, impactaron profundamente la actitud de los estudiantes, no sólo frente al Estado, el imperialismo y el capital sino también frente a las normas culturales, la sexualidad y el cuerpo. Sin embargo, las corrientes estudiantiles incluían tanto a aquéllas con influencias del marxismo humanista de Georg Lukács como a grupos leninistas-maoístas. Los jóvenes militantes se inspiraron de manera importante en el civil rights movement de Estados Unidos y reprodujeron sus tácticas. Mientras que su solidaridad internacionalista se inspiraba en los textos de Franz Fanon, manifestando admiración (y a menudo romantización) por las luchas anticolonialistas, su mirada interna se apoyó de manera crucial en la filosofía de Johannes Agnoli, quien ofrecía una crítica profunda a la democracia parlamentaria. Finalmente, varios activistas importantes tenían raíces en el situacionismo internacional y, siguiendo a Guy Debord y sin ningún interés en la política institucional, realizaban intervenciones artísticas satíricas y subversivas en los espacios públicos. El movimiento estudiantil era, entonces, una mezcla bastante diversa de las principales corrientes internacionales de la época.1

Su relación con la teoría política y social, sin embargo, fue ambivalente. Por un lado, figuras centrales de la izquierda intelectual, como Adorno y Habermas, se distanciaron tanto del movimiento como de sus acciones. Ambos rechazaron las demandas de los estudiantes de una reforma radical de las instituciones académicas y, en un debate intenso con Dutschke, Habermas alertó sobre el “fascismo de izquierda”. Por otro lado, los activistas se dedicaron cada vez más a la praxis política y menos a fundamentarla en una base teórica. La vida política, más allá de las manifestaciones y las ocupaciones, los comités y las publicaciones, se extendía también a la vida personal. La transformación del mundo sólo sería posible “revolucionando a los revolucionarios”. Así, por ejemplo, la Kommune I, una comuna berlinesa que se emularía posteriormente en otras partes del país y que utilizaba el situacionismo y el surrealismo en sus intervenciones públicas, cultivaba un estilo de vida alternativo, provocador y subversivo. Entre los aspectos quizá más provocativos de la Kommune I estaba su agenda de libertad sexual y la relación emancipada con el cuerpo que pretendía practicar. No fue la única en dirigirse contra la moralidad social. Inspirados en las filosofías vitalistas de Reich y Marcuse, por ejemplo, algunos grupos radicales fundaron guarderías y recintos preescolares donde se predicaba la expresión abierta de la sexualidad infantil.

De este modo, en cuanto suceso, el 68 ha sido interpretado a menudo como la liberación de una libido juvenil socialmente reprimida —sin duda una lectura reduccionista que no reconoce otras dimensiones del movimiento. En cuanto signo, se le ha visto como un momento histórico que marca la transición de una sociedad de valores conservadores a una liberal, particularmente en cuanto a la sexualidad. Sin embargo, el verdadero impacto del 68 sobre la innegable liberalización de la moralidad sexual en la sociedad alemana en las décadas siguientes es difícil de evaluar, no sólo porque otros factores importantes contribuyeron al proceso, sino también porque muchos de los efectos del 68 fueron indirectos, aún más cuando el término es usado —como suele hacerse en Alemania— para designar a toda una generación.2

Una ambigüedad semejante se presenta en relación con el impacto del 68 sobre la memoria del Holocausto. Los estudiantes de aquellos años, no lo olvidemos, fueron la primera generación de la posguerra que llegó a la universidad. En muchas de sus familias el tema del pasado nacionalsocialista de sus padres era tabú. Varios de estos jóvenes empezaron a preguntarse y a investigar sobre la historia de sus familias durante el nacionalsocialismo. Además de dirigir su mirada hacia sus propios parientes, los estudiantes publicaban listas de funcionarios y políticos exnazis, y hacían campañas públicas en contra de ellos. Asimismo, en sus seminarios y cursos debatían las teorías que pretendían explicar las causas y lógicas del régimen nazi y del Holocausto. No obstante, el Holocausto en sí no era una preocupación central para el movimiento, más allá de su papel dentro de una crítica al capitalismo y al imperialismo occidental. Es decir, el antisemitismo y la cuestión judía quedaron casi por completo fuera de su interés al abordar el tema del nazismo y el Holocausto. Históricamente, los cambios importantes en la memoria del Holocausto en Alemania sólo empezaron a darse una década después.

En un sentido importante, el 68 alemán (por lo menos en cuanto suceso) fue una conclusión, más que el inicio que habían imaginado muchos estudiantes. Condensó diversos procesos existentes, como la radicalización y el crecimiento de la sds, la moderación del spd (que en 1959 eliminó el marxismo de su programa), el aumento en la población estudiantil y una serie de factores internacionales y nacionales ya mencionados. Pero, además de culminación, el 68 fue un año de implosión: se aprobaron las leyes de emergencia y el sds se fragmentó y se disolvió rápidamente. Varios activistas siguieron dedicados al feminismo, al ambientalismo y a la lucha contra el armamento nuclear, entre otros asuntos. Algunos más se incorporaron a la política. Otros se radicalizaron y realizaron acciones violentas y terroristas.

En otro sentido, como signo, los efectos del 68 probablemente fueron mucho más significativos. Muchos de los activistas se dedicaron posteriormente al activismo social y con jóvenes, a la producción cultural y a la educación en todos sus niveles. Sus ideas han tenido una difusión extensa. Además, impactaron el vocabulario político y cultural de toda una generación, la cual, independientemente de su nivel de involucramiento, experimentó estos años como un periodo formativo de su vida. El auge político de esta generación se identifica frecuentemente con el gobierno del socialdemócrata Gerhard Schröder y del verde Joschka Fischer (1998-2005), aunque sólo el segundo fue activista. En la Alemania de hoy día, uno escucha de vez en cuando que alguien o algo es “sesentayochero”. Muchos reconocen la importancia del periodo y de su generación como momento detonador de profundas transformaciones en la historia del país, pero el peso del legado del 68 en la actualidad política parece bastante débil en comparación con el que tuvo en México. Las preocupaciones son otras: ya no el regreso de un Estado autoritario. Las periodizaciones históricas se determinan por otras coordenadas y la memoria social se dedica a otros horizontes.◊

 


1 Para una discusión de la teoría política del 68, véase Jan-Werner Müller, “1968 as Event, Milieu, and Ideology”, en Jan-Werner Müller (ed.), German Ideologies Since 1945: Studies in The Political Thought and Culture of The Bonn Republic, Nueva York, Palgrave Macmillan (Europe in Transition), 2003, pp. 117-143.

2 Para una discusión de la dimensión sexual del 68, véase Dagmar Herzog, “Post-War Ideologies and The Body Politics of 1968”, Jan-Werner Müller, “1968 as Event, Milieu, and Ideology”, en Jan-Werner Müller (ed.), German Ideologies Since 1945: Studies in The Political Thought and Culture of The Bonn Republic, Nueva York, Palgrave Macmillan (Europe in Transition), 2003, pp. 101-116.

 


* NITZAN SHOSHAN
Es profesor-investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.