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OTROS DIÁLOGOS | A la intemperie de la casa

A la intemperie de la casa

 

–JORGE ANDRÉS KASEP RODRÍGUEZ*

 


Ana Emilia Felker,
Aunque la casa se derrumbe,
México, unam, 2017.

 

Pese a que podemos leer, en letra pequeña y en la parte superior de la portada, que el libro de Ana Emilia Felker titulado Aunque la casa se derrumbe pertenece a la categoría de “ensayo”, resulta evidente, al adentrarnos poco a poco en su lectura, que se trata de un conjunto de textos diversos difícil de clasificar, no sólo por los temas que trata sino, también, porque en su misma calidad de ensayo introduce, a lo largo de cada apartado y en distinta medida, un estilo narrativo que lo aproxima a otros modelos de escritura. Es lo que ocurre, por ejemplo, en “Las librerías de viejo serán de nuevo”, donde, a partir de la vecindad entre la Fundación para las Letras Mexicanas y una librería de viejo, Felker  hila interesantes aspectos y preocupaciones en torno a la producción y consumo de libros en la actualidad, lo que pareciera por momentos lindar con la crónica literaria. Otro tanto ocurre con “Se desfondan las cajas”, que se asemeja a una suerte de memorias brevísimas en torno a las múltiples mudanzas de la autora desde su infancia y las repercusiones, tanto materiales como emocionales, que éstas han tenido en ella. “Política ficción”, por su parte, diluye el pacto del lector con la realidad relatando un hecho tan concreto como una marcha de protesta en el centro histórico de la Ciudad de México, pero insertando en él, mediante recursos que rozan lo fantástico, un encuentro improbable.

Aunque la casa se derrumbe desarrolla múltiples intereses, que seguramente despertarán valoraciones también de lo más variadas en sus potenciales lectores. A pesar de que, como es común en los libros de esta naturaleza, no todos sus textos son de igual calidad creativa, es muy estimulante leerlos bajo la idea literaria en que fueron concebidos. Según nos dice la corta presentación que precede los textos, la idea que subyace en todos ellos, lejos de ser accesoria o prescindible, condensa algunas consideraciones de la autora en torno al proceso de la escritura y el mutable sentido en que avanza. Estas consideraciones resultan, en mi opinión, fundamentales no sólo para el contenido de la obra sino, también, para pensar la relación cotidiana que el lenguaje literario puede tender con nosotros y con nuestro entorno más inmediato, aunque no siempre lo haga de manera evidente.

Si bien con expresiones sencillas y directas, el primer párrafo de la presentación esboza los móviles de una escritura que podría resultar desconcertante: “A veces algo se enuncia a través nuestro como diciéndose sin querer. Estos textos buscaban ser otros, pero se encontraron a sí mismos […] deseaba construirme una habitación abierta, allanar edificios, apoderarme de las calles, renombrarlas para sentirme segura caminando por la noche”. Se nos anuncia así que no hay voluntad de fijar con las palabras sentidos inamovibles ni pensamientos imperecederos, pues Felker asume como materia de escritura esa ductilidad inherente al lenguaje, que no busca dar mensajes definitivos, que es una moneda de cambio cotidiana que no da por sentado un valor terminante, sino que depende de esa interacción continua en que nos comunicamos, en que desmantelamos viejos espacios para volver a montarlos. Me parece que Felker apela a ese lenguaje que sólo puede ser representativo en su dislocación, en esa paradójica fuga de significados que ya planteaba Foucault en El pensamiento del afuera (Valencia, Pre-Textos, 2008): “El acontecimiento que ha dado origen a lo que en un sentido estricto se entiende por ‘literatura’ no pertenece al orden de la interiorización […]; se trata mucho más de un tránsito al ‘afuera’: el lenguaje escapa al modo de ser del discurso —es decir, a la dinastía de la representación”.

En general, los “ensayos” de Aunque la casa se derrumbe secundan esta postura, no tanto desde una asociación de ideas abstractas o temas “elevados” —pues “todo discurso puramente reflexivo corre el riesgo […] de devolver la experiencia del afuera a la dimensión de la interioridad”, como dice Foucault—, sino a partir de historias o situaciones precarias de individuos que, quizá justamente por pasar inadvertidos en el engranaje de los privilegios sociales, no son tan comunes para ciertos sectores. Vagabundos que buscan sustento en la venta de periódicos callejeros, pornógrafos y actrices que participan en la poco rentable industria mexicana, trabajadoras domésticas y una ex compañera universitaria desaparecida son algunas de las personas en cuyo contacto Felker indaga los intersticios que —por encima de esa visión simplificada de la gran maquinaria urbana que muchas veces filtran las barreras de clase— le permitan ensayar otras posibilidades de rehabitar la ciudad y reinventar las relaciones sociales que la tejen, pues su lenguaje, en lugar de alimentar la certeza de la experiencia personal, devela la dispersión del sujeto en los signos que lo rodean. “La palabra de la palabra nos conduce por la literatura —dice Foucoult—, pero quizás también por otros caminos, a ese afuera donde desaparece el sujeto que habla”. Esto no significa que Felker no aborde la faceta más íntima de estas cuestiones. En el primer texto, “Liminales” —uno de los mejor logrados—, la exposición de su propio cuerpo es el punto de partida para explorar, a través los sentidos sociales de la sexualidad, los cruces de los espacios públicos y privados de la ciudad.

Como puede apreciarse, en los relatos y reflexiones de Aunque la casa se derrumbe convergen variados puntos de interés que, sin embargo, comparten una postura frente al ejercicio literario, cuyo objetivo estético, más allá de responder a inquietudes que surgen y vuelven a su propio campo sin traspasar fronteras, pone de relieve la búsqueda de un lugar que, perteneciendo a la sociedad, se relacione con las actividades cotidianas que la construyen. Búsqueda difícil y nunca definitiva, pero en la que creo que muchos otros, otros además del escritor o el estudioso de las letras, querrán participar.◊

 


* JORGE ANDRÉS KASEP RODRÍGUEZ
Es estudiante en la maestría de Letras Latinoamericanas de la unam.